México es un país de leyendas, de verdades que se van haciendo relatos o de relatos que se van haciendo verdades, mucho antes de la colonización cuentos de aparecidos y rumores poblaban las creencias de leyendas antiguas, breves, extensas; espantosas risueñas y en Huixquilucan no es la excepción, sobre todo en los pueblos o comunidades habitadas por los otomíes que creían en la inmortalidad, en una vida futura y se le teme a los muertos, creyendo que se complacen en causarle daño a los vivos. Por eso frecuentemente se aparecen por las noches para jalar los pies de los dormidos, cuchichean a los despiertos, dan claves del sitio donde se encuentra el dinero, se ríen, se quejan o pasan de largo con su pena.
La Cueva Encantada
En el cerro de “La campana”, cada primero de enero al mediodía, se abre la entrada de una gruta. Los que tengan más ambición que miedo pueden entrar: allí verán a un chivo, al que hay que reverenciar para poder seguir adelante. Si siguen, encontraran abundancias nunca vistas; frutas, verduras, olorosos guisos y dinero. Pueden llevarse lo quieran y cuanto quieran pero, como dulces “Cenicientas”, tendrán que estar atentos al tañir de las campanas por que deberán salir antes de la última campanada, si no lo hicieren así la próxima oportunidad de salir será hasta el próximo primero de enero.
La Llorona de Huixquilucan
Huixquilucan también tiene a su Llorona; pasa cada noche por los arroyos y los ríos. El creador no quiere recibirla en su morada de paz, hasta que se le de cuenta de sus hijos. No se sabe si los abandono o los mató, pero ahora arrepentida anda por encima de las piedras, por los caminos y los atajos, llamándolos para que le contesten, para poder sentirlos, aunque sea desde la muerte y poder llegar hasta el cielo para descansar en paz.
Cuando la Llorona pasa por alguna parte, los perros ladran su espanto desesperadamente, los niños se abrazan a sus madres y las madres se persignan. La mujer pasa, es hermosa, más hermosa con su cabello largo y con su vestido blanco.
Brujas Chupa Niños
Se dice que cuando hay un recién nacido en casa hay que ponerle una tijera en forma de cruz debajo de la almohada.
La tarde se está desmoronando y los nuevos papás están seguros que al anochecer, las brujas bajaran de los cerros hechas bolas de fuego o como guajolotes, entraran por cualquier rendija y los dormirán a los dos profundamente para que no oigan los gritos de su recién nacido mientras ellas le chupan la sangre.
Por eso hay que apurarse: alfileres y tijeras cruzadas ahuyentaran a las brujas, en cuanto se asomen por las ventanas. Y se verán manchas en al cielo; fuga de brujas en la noche.
“Ndotse”, La Olla Vieja, El Cerro de las Víboras o de las Serpientes
Cuenta la leyenda que un día un hombre al llegar de su trabajo, se encontró con su mujer y un sujeto en un rincón y en el otro lado el niño llorando, la mujer le murmuraba algo al oído al sujeto; cuando de forma rápida el hombre se volvió serpiente y la esposa del hombre de igual forma adopto la forma de una serpiente pero nada más de la cintura para abajo. Y había mucho dinero, que no se sabía de dónde “Haz tres partes con este dinero. Una para ti, otra para la mujer que te va a cuidar al niño y una más para que me compres una olla grande y me metas en ella y me entierres en este cerro”. Al cerro que se refería era el de San Bartolito, “Pero entiérrame con acompañamiento de música, si no, no. Anda, avisa al pueblo”.
Y que sale al centro del pueblo a contarles a los demás y ahí se viene todo el pueblo con música, sonajas y cantaros. Metimos a los embusteros en una olla muy grande y muy vieja y que los entierran en la punta más alta de los Cerros de San Bartolomé.
Al volver todos se fueron. Solo el hombre aquel permanecía despierto y escucho un ruido de mil truenos juntos. Al salir vio a todo el pueblo igual de espantado, con la idea de ir a rodear el cerro para ver qué pasaba.
Y el pueblo se armo con ramas de ocote encendidas para alumbrarse. El agua brotaba por todos los lados del cerro y al rodearlo dejo de salir el agua, todos atónitos por no sabe lo que pasaba, la voz de la mujer serpiente se escucho sobre la noche que caía:
“¡Ah tontos! Se hubieran quedado fuertes en sus casas y aquí se hubiera sido la tierra caliente, donde hay mucha agua. Pero ya no se puede.”
Y desde entonces se le dice a este cerro “Ndotse, Olla Vieja o Cerro de las Víboras” por aquella olla en que la que enterraron a la mujer convertida en serpiente.
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